Grupo de Investigación UCM (ref. 971672) sobre Psicología del Testimonio.
Facultad de Psicología, Universidad Complutense de Madrid (España).
Investigador principal: Antonio L. Manzanero.

Mentira y activación cerebral

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El 13 de febrero de 2011 Eduardo Punset entrevistó, en el programa REDES de TVE, al neurocientífico John Dylan Haynes. Entre otras cuestiones le planteó la posibilidad de detectar mentiras evaluando la actividad cerebral. A continuación se recoge un fragmento de la entrevista.


John Dylan Haynes:
Cada pensamiento que tienes (como pensar que resuelves un cálculo complejo, sobre algo que ocurrirá, un recuerdo, sobre una pieza musical o una obra de arte que has visto o escuchado)… Cada uno de estos pensamientos está codificado con un patrón específico de actividad cerebral. Y eso significa que cada vez que tienes ese pensamiento produces un patrón específico de actividad en el cerebro.

Eduard Punset:
Y lo puedes ver con…

John Dylan Haynes:
Con un escáner cerebral. Colocas a alguien en un escáner cerebral, ese alguien tiene este pensamiento y tú puedes medir el patrón de actividad cerebral que acompaña este pensamiento. Luego tiene otro pensamiento distinto y el patrón de actividad cerebral cambia. Ves un patrón distinto de actividad cerebral. Pero cuando le haces tener el primer pensamiento de nuevo, ves el mismo patrón de actividad cerebral que habías visto al principio. Es decir, los patrones de actividad cerebral son firmas. Del mismo modo que se puede usar una huella digital para identificar a un individuo…

Eduard Punset:
Increíble.

John Dylan Haynes:
…se puede usar este patrón especial de actividad cerebral para identificar un pensamiento que alguien tenga. Pero para ello necesitas técnicas estadísticas muy desarrolladas, debes poder analizar los patrones de un modo muy sofisticado, lo que se lleva a cabo en un campo científico denominado reconocimiento de patrones o aprendizaje automático. Es un software parecido al que se utiliza para reconocer caras o huellas digitales, y se puede aplicar también a los patrones de actividad cerebral. Permitimos que el ordenador lleve a cabo el reconocimiento de patrones; dado que nuestros cerebros son muy buenos reconociendo patrones, somos realmente buenos, pero los patrones de actividad cerebral son demasiado complejos para que lo hagamos con los ojos, así que hacemos que un ordenador resuelva este problema.

Eduard Punset:
¿Qué hemos añadido al conocimiento de los detectores de mentiras, por ejemplo? Por tu investigación, deduzco que ahora sabemos más para interpretar la detección de mentiras, de una manera más científica de como solíamos hacerlo.

John Dylan Haynes:
Todos conocemos los antiguos detectores de mentiras por las películas, se llaman polígrafos. Miden el ritmo cardíaco, los conductos dérmicos, es decir, básicamente miden cuánto sudas. En definitiva, miden tu nivel de excitación, de nerviosismo.
Así que, cuando alguien te hace preguntas, el polígrafo te puede decir tu nivel de nerviosismo al responderlas. El problema del polígrafo o del antiguo detector de mentiras es que se puede manipular porque, por un lado, puedes estar nervioso, por ejemplo, por la situación experimental. Piensas: "Me están haciendo una prueba y si me equivoco, quizás tenga que ir a la cárcel diez años".

Eduard Punset:
Ya veo.

John Dylan Haynes:
Por supuesto, es algo realmente difícil. Te pones nervioso solo por la pregunta. Y otra cuestión es que las personas pueden manipular su nerviosismo. Por ejemplo, si flexionas los dedos de los pies o piensas en cosas que alteran, puedes aumentar tu nivel de nerviosismo y, por lo tanto, hacer que parezca que estás nervioso. Así, el polígrafo, el detector de mentiras clásico, es muy poco fiable. La solución es: "No trabajemos la mentira con medidas periféricas o indirectas de la mentira; vayamos directamente al órgano que produce la mentira", y ese órgano es el cerebro.

Eduard Punset:
Es el cerebro.

John Dylan Haynes:
Vayamos al cerebro y veamos cómo el cerebro produce esta mentira, y luego busquemos patrones de actividad cerebral que se producen cuando alguien miente.

Eduard Punset:
Ya veo.

John Dylan Haynes:
Y entonces enseñamos a un ordenador a reconocer los patrones de la actividad cerebral para ver si ese patrón de actividad cerebral tiene el mismo aspecto que cuando alguien miente o cuando cuenta la verdad. Actualmente esto se encuentra en un nivel experimental. Hasta ahora no tenemos pruebas de que lo podamos hacer en una situación real, ya que, cuando lo hacemos en un laboratorio, se trata de una situación relajada, son estudiantes.
Les pagamos, dicen la verdad o no sobre cosas que no les importan, que no les preocupan. En una situación real, cuando vas a una comisaría o a un tribunal, si quisieras utilizar un detector de mentiras con resonancia magnética, primero deberías probar que esta máquina funciona en este caso. Tienes una población distinta… No son estudiantes. Frecuentemente se trata de sociópatas, personas con trastornos mentales… Y no se trata de si ganan veinte euros o no, sino de si van a la cárcel veinte años. Como puedes ver, el panorama es muy diferente, y todavía debemos investigar mucho para descubrir si esta dirección prometedora va a funcionar y si algún día vamos a ser capaces de construir un detector de mentiras con resonancia magnética.

Eduard Punset:
A veces, pienso que el futuro será eso. Leer la mente será muy importante, no solo en las comisarías, sino en la vida de pareja o en el trabajo… ¿Crees que nos dirigimos hacia una sociedad en la que leer la mente será más fácil?

John Dylan Haynes:
En primer lugar, creo que hay mucha fascinación. Todos estamos fascinados con leer la mente. Nos encanta la idea; en las películas lo ves a menudo. Si miras la película Matrix, hay una persona que puede, en teoría, leer las mentes porque es una simulación en un ordenador. En Origen puedes establecer un vínculo con la mente de otra persona mediante un dispositivo artificial. O en Días extraños, donde tienen una gorra que puedes ponerte para registrar tus pensamientos y luego reproducirlos de nuevo. Así que la gente tiene esta fascinación inmensa y, al mismo tiempo, tiene miedo, por supuesto.